sábado, 1 de agosto de 2009

Quédate con las vueltas

Estoy apoyado en el quicio de la ventana del salón, desde el que tengo una magnífica vista de la Ría de Vigo. De momento, es el único lugar de casa en el que puedo conectarme. Iba a decir que esta conexión Wifi me viene como agua de mayo, pero creo que es mejor decir como agua de agosto, de la que dicen que es miel y mosto; con la que está cayendo...
Desde aquí también puedo ver un cabina de Telefónica, de esas que tienen el tejadillo en forma de pirámide azul. No sé cuántas veces la han roto y no sé cuántas la han reparado. En su parte trasera, que es la que puedo ver, tiene instalado un panel luminoso de la empresa. El lema reza: "Quédate con las vueltas". Me pareció gracioso.
Como me suele pasar algunas veces, son de esas gracias que hay que desarrollar. La frase hace referencia a que ahora hablar con cualquier teléfono móvil durante 2 minutos cuesta 50 céntimos. Una ganga, vamos.
El letrero parpadea un poco, lo que le da un aire un poco descuidado. Esa intermitencia aumenta su soledad, porque a la vieja cabina parece no quererla nadie. Ya ves, hija, quién te habrá puesto ahí; nunca hay una cabina cuando/donde hace falta. Pero ésta ahí está. Y yo me reí cuando vi su nuevo cartel.
Cuántas monedas me han tragado estos trastos. Llamase al número que llamase, siempre se quedaba con el cambio. La hijaputa se quedaba con su "propina", y yo le propinaba una hostia.
"Quédate con las vueltas".
¡Ya me quedaba con ellas!

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